¿Drones en Alaska? La historia detrás de esta foto

Ya sabéis que Alaska me apasiona desde que el año pasado tuvimos la suerte de pasar unos días acampados en el Parque Nacional de Katmai, entre osos grizzly y salmones.

Este año hemos vuelto a este paraíso. Y hacerlo por segunda vez tiene algo especial, especialmente cuando vienes a sacar fotos. Ya conoces los rincones, la luz, el terreno e incluso algunos de los patrones de comportamiento de los animales. Todo ese conocimiento ayuda a anticiparse y, sobre todo, a saber dónde merece la pena esperar.

Este año vimos mucha acción: pesca, persecuciones e interacciones entre osos. Hemos vuelto con miles de fotografías que, os confieso, todavía no he tenido tiempo de procesar todas.

Pero hay unas cuantas que han provocado la misma pregunta una y otra vez:

¿Estas fotos están hechas con el dron?

No.

Y entonces viene la segunda pregunta: ¿y cómo las has hecho?

La respuesta corta es sencilla: con mucha cabezonería.

La respuesta larga, ahí va:

Durante más de diez días estuve acampado en Katmai, acompañando a dos grupos diferentes de viajeros. Con el primero, la meteorología no nos acompañó demasiado y tuvimos un par de jornadas de fuertes lluvias. Aun así, los salmones estaban llegando al río y pudimos hacer fotografías magníficas de los osos lanzándose al agua para pescarlos.

Cuando llegó el segundo grupo, la situación había cambiado.

La actividad había bajado. Seguíamos haciendo fotos buenísimas, pero ya no había tanta acción. Había menos salmones y, con ellos, menos oportunidades de pesca.

Pero los salmones seguían en el río. Simplemente se habían movido. Y yo estaba convencido de que tenía que haber algún lugar donde todavía estuvieran concentrados.

Un día vi a otro grupo de fotógrafos caminar hacia una zona bastante alejada y pensé que quizá habían encontrado algo que nosotros no habíamos visto.

Así que, cuando solo nos quedaba un día en Katmai, decidí que iba a encontrar esos bancos de salmones.

Con mi amigo Iñigo nos levantamos al amanecer, cargamos con todo el equipo y echamos a andar. Y caminamos. Mucho. Mucho más de lo que habíamos caminado los días anteriores. Pero era nuestra última oportunidad y estábamos decididos a encontrar dónde se habían metido los salmones.

Hasta que, de repente, coronamos una pequeña cuesta que daba al río.

Y allí estaban.

Centenares de salmones se arremolinaban en un tranquilo meandro del río. Y, cerca de ellos, unos cuantos osos esperaban el momento adecuado para lanzarse a por ellos.

La situación era perfecta.

Nosotros estábamos en una zona elevada y, desde allí, podíamos ver el río desde arriba. Esa perspectiva, con los osos y los salmones vistos desde una posición tan alta, hacía que las fotografías parecieran tomadas desde un dron.

Pero no.

Estaban hechas tumbados en el suelo; después de muchas horas caminando y, sobre todo, gracias a un poco de cabezonería.

Nos pasamos allí todo el día haciendo fotos.

Todavía no he podido revisar todas las imágenes, pero cada vez que proceso una de ellas vuelvo mentalmente a aquel lugar y recuerdo lo bien que me lo pasé ese día.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto haciendo fotografías.

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