Alaska en estado puro: entre osos y salmones en Katmai

Alaska había estado en mi lista de deseos desde que era un niño. La última frontera, en la otra punta del mundo. Un territorio de leyendas inuit, de osos, de alces y de ballenas, de meteorología salvaje y de soledad.

Y un paraíso para cualquier fotógrafo.

Los que me conocen saben que me gustan los viajes a ritmo de documental, en los que disfrutas al máximo del entorno. Por eso cuando por fin me pude plantear el viaje a Alaska no lo quería hacer de cualquier manera.

No quería hacer un viaje en que cada día durmiéramos en un sitio distinto y en el que pasáramos más tiempo en carretera que observando y disfrutando. Tampoco quería hacer esas excursiones en las que te dejan unas horas en medio de Katmai para fotografiar osos y por la tarde te recogen, como quien va a una excursión del colegio.

Para quien no lo conozca, Katmai es un parque nacional remoto, en la costa sur de Alaska, famoso por concentrar algunas de las mayores densidades de oso pardo del mundo, especialmente durante la migración del salmón. Un lugar al que no se llega por carretera, donde la naturaleza sigue marcando el ritmo.

Y yo quería disfrutar Katmai desde que saliera el sol. Quería abrir los ojos en el mismo momento que viera el primer rayo de luz. Y cerrarlos cuando oscureciera.

Y lo logramos, superando por mucho las expectativas de antaño.


Volando sobre el paraíso

Optamos por un viaje sin filtros: volamos en hidroavión a Katmai y acampamos ahí durante cinco noches. Por supuesto, una acampada controlada, ya que pernoctar en el parque está muy regulado.

Lo que no imaginé es que empezamos a disfrutar desde que el hidroavión levantó el vuelo desde King Salmon. Los paisajes de Alaska te quitan el aliento. Sus montañas, sus lagos, sus ríos, la pureza de sus cielos… Y verlo desde un pequeño hidroavión de solo 3 plazas lo hace todavía más especial.

Pero eso es solo el principio. Si os soy sincero, no podía imaginar la densidad de osos que me encontré. No me podré quitar nunca de la cabeza, por ejemplo, el aterrizaje en un lago de Katmai y ver, desde el propio hidroavión, a varios Grizzlies pescando salmones en el río.

Era solo el principio.

Tras dejar el equipaje en nuestro campamento (tiendas perfectamente preparadas y rodeadas de una valla eléctrica por prevención), empezaron cinco días de disfrute absoluto, de fotografía, de relax y de aprendizajes.

Fotografiamos escenas de todo tipo. Por supuesto, osos pescando salmones. Por eso fuimos justo a principios de agosto. Pero también madres con crías, subadultos interactuando, osos andando detrás de montañas nevadas, osos jugando, etc. Todo lo que os podáis imaginar.

Los fotografiamos en el agua y en la llanura, con la luz del amanecer, con la del atardecer, con cielos nublados, con cielos soleados… Nos salvamos de la lluvia, cosa que hubiera sido bonita también.

Nos saciamos. Aunque un fotógrafo nunca se sacia de sacar escenas espectaculares.

En agosto puede haber hasta 15 horas de luz, o sea que imaginaos los cientos de fotos que hacíamos cada día.


Cosas que me quitaron el aliento

De ese viaje me quedo con miles de fotos, pero también con algunas imágenes mentales inolvidables:

  • El momento de aterrizar en Katmai y ver, desde la ventanilla del hidroavión, a los osos ya pescando.

  • Estar sentado al amanecer, rodeado por una decena de osos a diferentes distancias, entre la niebla y el silencio.

  • La espera paciente mientras un oso observaba el agua… hasta que, de repente, lograba una pesca perfecta.

  • El instante en que una madre osa y sus tres cachorros pasaron caminando a menos de dos metros de nosotros.

  • El regreso al campamento al anochecer, con dos grandes machos todavía visibles en el horizonte, avanzando con calma.


Volver de Katmai

Después de vivir algo así, cuesta volver. No solo por lo que has visto, sino por cómo lo has vivido.

Katmai no es solo un lugar al que viajar. Es un sitio en el que, durante unos días, te adaptas a otro ritmo. Al ritmo de los osos, de la luz, de los salmones en el agua. Y cuando te vas, una parte de ti se queda allí.

En el siguiente artículo os contaré con más detalle el equipo que utilicé, la logística del viaje y todo lo que hay que tener en cuenta si estáis pensando en vivir una experiencia así.

Y si después de leerlo sentís lo mismo que sentí yo cuando era un niño, que sepáis que volvemos a Katmai este 2026 para repetir esta experiencia. Esta vez, acompañando a dos pequeños grupos que quieran vivir Alaska de la misma forma: sin prisas, desde dentro.

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Alaska por dentro: equipo y claves para vivir la experiencia