Por qué hacer un safari fotográfico en Masai Mara

León joven acercándose a la cámara con curiosidad.

Es curioso el abismo que suele haber entre las personas que han visitado el Masai Mara y las que no. Por parte de quienes nunca han estado allí, a menudo recibo preguntas como: “¿Pero no te cansas de ir siempre al mismo sitio?”. En cambio, quienes han tenido la fortuna de conocer esta tierra mágica suelen decir exactamente lo contrario: “Ojalá pudiera volver”.

Este post está pensado para los primeros. Para los que todavía no entienden por qué podría pasarme toda la vida recorriendo la sabana sin cansarme jamás.

Pero antes, algo de contexto.

La Reserva Nacional del Masai Mara está situada al suroeste de Kenia. Se extiende a lo largo de 1.510 kilómetros cuadrados y forma parte del ecosistema Mara-Serengeti-Ngorongoro. Se encuentra a unas cinco o seis horas por carretera desde Nairobi, la capital de Kenia, o a apenas una hora en avioneta.

Y, desde mi punto de vista, es el paraíso en la Tierra.

¿Por qué?

  • Por la altísima concentración de fauna. A pesar de ser un parque relativamente pequeño (pensad que el Serengeti tiene unos 14.500 kilómetros cuadrados, casi diez veces más), el Masai Mara posee una densidad de fauna extraordinaria.

    Es hogar de los llamados “cinco grandes”: león, leopardo, elefante, búfalo y rinoceronte (aunque este último en números reducidos). De hecho, es el único parque donde siempre garantizo a mis viajeros que veremos leones. La concentración de felinos es tan alta que las probabilidades son enormes.

  • Por sus felinos legendarios. Aquí los leones no son solo leones. Son historias vivas. Las manadas tienen nombre, territorios definidos y los individuos tienen personalidad propia. Las manadas Rongai, Rekero, Black Rock, Topi Plains o Marsh son protagonistas habituales de documentales y llevan años formando parte de la historia del Mara. Lo mismo ocurre con leopardos y guepardos, cuyos comportamientos y linajes muchos guías conocen casi al detalle.

  • Por ser el hogar de la Gran Migración. Cada año, aproximadamente 1,5 millones de ñus, acompañados por cientos de miles de cebras y gacelas, emprenden un viaje circular entre Tanzania y Kenia. Durante el verano suelen llegar al Masai Mara y entonces ocurre uno de los mayores espectáculos naturales del planeta: el cruce del río Mara.

    No importa cuántas veces lo hayas visto en documentales. Estar allí, escuchando el ruido de miles de animales acumulándose antes de lanzarse al agua, es algo imposible de olvidar.

  • Por sus amaneceres y atardeceres. Esto probablemente no voy a saber explicarlo bien, porque hay cosas que simplemente hay que vivir.

    Ver amanecer en el Mara es algo que se te queda grabado. Pero, personalmente, creo que todavía me gusta más el atardecer: después de un día lleno de escenas, encuentros y emociones, llega ese momento en el que la sabana se calma y el cielo empieza a teñirse de tonos anaranjados imposibles; y reflexionas sobre lo vivido.

  • Porque siempre sorprende. En Mara no existe un día igual a otro. Cada jornada empieza como una hoja en blanco. Puedes salir con la idea de acercarte al río para intentar ver un cruce de ñus… y acabar siguiendo a un guepardo que ha decidido cazar. O dedicar el día a buscar a los leones de Rongai y encontrarte, de repente, rodeado por una enorme familia de elefantes. Y también hay días “en blanco”. Días en los que parece que no ocurre nada extraordinario.

    Porque el Mara también va de paciencia. De aceptar que la naturaleza marca el ritmo. De dejarse llevar por lo que sucede (o por lo que no sucede). Precisamente ahí reside gran parte de su magia.

Por qué visitarlo con nosotros

Existen muchas de formas de visitar el Masai Mara. Todas válidas. Algunas recorren varios parques y pasan por Mara de forma más fugaz; otras están enfocadas al lujo; otras, como las nuestras, ponen el foco en la naturaleza y la fotografía.

En nuestro caso, diseñamos los viajes pensando en personas apasionadas por la fauna y la fotografía. Y tratamos de hacerlos especiales por varios motivos.

  • Porque hacemos safari “a ritmo de documental”. Para nosotros, recorrer el Mara no consiste en ir de un lado a otro intentando verlo todo y acumulando fotografías como quien colecciona cromos. Nos dejamos llevar por lo que ocurre. Si vemos que la manada de Rongai está activa y con intención de cazar, podemos pasar horas (incluso todo el día) con ellos. Lo mismo sucede con un leopardo, un guepardo o cualquier comportamiento interesante.

    Y no solo con grandes escenas. También podemos dedicar mucho tiempo a fotografiar un ave o una jirafa recortada al atardecer. El objetivo no es verlo todo (¡que es imposible!). Es vivir cada momento de verdad.

  • Porque viajamos en grupos muy reducidos. En nuestros viajes fotográficos solo viajan un máximo de tres personas por vehículo. Queremos que cada fotógrafo tenga espacio, comodidad y libertad para trabajar desde cualquier ángulo. Por eso no dividimos al grupo en varios coches: en fotografía, la posición lo cambia todo, y no todos los viajeros tendrían las mismas oportunidades.

    Eso sí, si quieres otro tipo de experiencia menos fotográfica, también nos adaptamos ya que también hacemos viajes a medida.

  • Porque utilizamos un vehículo único en Mara. Nuestro coche está completamente preparado para fotografía: asientos giratorios, gimbals cedidos por Benro, ventanales abiertos y posibilidad de fotografiar cómodamente desde cualquier posición y altura.

    Después de muchos años en África, diseñamos el vehículo pensando exactamente en el tipo de experiencia que queríamos vivir allí.

  • Porque amanecemos en el corazón del parque. Nos alojamos en Matira Bush Camp, un campamento con todas las comodidades, integrado en plena naturaleza, que nos permite empezar el safari antes de que aparezcan las primeras luces del día.

  • Por la experiencia de nuestros guías. Nuestros guías llevan toda la vida en el Mara. Conocen cada cruce, cada árbol y muchos de los animales prácticamente desde que nacieron. Eso les permite entender comportamientos, anticipar movimientos y saber cuál es la mejor forma (y la más respetuosa) de acercarse a cada escena. Además, han trabajado para documentales y producciones de medios como National Geographic, la BBC u otras televisiones internacionales, por lo que conocen perfectamente cómo posicionar el vehículo para fotografía y vídeo.

  • Y también por mi propia experiencia. Llevo más de veinte años recorriendo África y paso alrededor de dos meses al año en Masai Mara, acompañando a personas que aman la naturaleza y la fotografía. Para mí, el Mara ya es una segunda casa. De hecho, muchos ya sabéis que de todo ese tiempo vivido allí nació también mi libro Historias de Masai Mara.

En definitiva, el Masai Mara tiene algo difícil de explicar: engancha.

Te obliga a bajar el ritmo, a observar, a tener paciencia. A quedarte en silencio viendo pasar una familia de elefantes. A ayudar a sacar el coche del barro. A desayunar un café frente a una sabana infinita. A reírte de ti mismo cuando un guepardo cambia el gesto justo en el momento en que pensabas que tenías la foto perfecta. A volver al campamento mientras una tormenta empapa la sabana. A dormirte escuchando el rugido de los leones.

Quizá por eso quienes han estado allí siempre quieren volver.

 
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